TEMAS DE LOS ENFERMOS MISIONEROS SAN CARLO ACUTIS'
EL BEATO CARLO ACUTIS Y LA GRATITUD POR LOS PRIVILEGIOS.
"SOMOS MÁS PRIVILEGIADOS QUE MUCHOS"
Carlo Acutis era consciente de que muchos en el mundo no tienen acceso a los mismos privilegios y oportunidades que él había recibido. En sus palabras, "Somos más privilegiados que muchos que quieren". Él reconocía que la fe, la familia, la educación y la salud eran dones valiosos que debían ser aprovechados para hacer el bien en el mundo.
" APROVECHAR LOS PRIVILEGIOS PARA SERVIR "
Carlo Acutis creía que los privilegios y las bendiciones que recibimos deben ser utilizados para servir a los demás y hacer el bien en el mundo. Él mismo dio ejemplo de esto a través de su compromiso con la fe, su amor por la Eucaristía y su deseo de ayudar a los demás.
" LA GRATITUD Y laT HUMILDAD "
La gratitud y la humildad fueron virtudes que Carlo Acutis practicó en su vida diaria. Él reconocía que todo lo que tenía y todo lo que era provenía de Dios, y que debía ser utilizado para su gloria y para el bien de los demás.
" CARLO ACUTIS NOS DEJA SIEMPRE UN MENSAJE HOY "
El Beato Carlo Acutis es un ejemplo inspirador de cómo vivir una vida de fe y gratitud en medio de los privilegios y las bendiciones. Su testimonio nos recuerda que somos más privilegiados que muchos que quieren, y que debemos aprovechar estos privilegios para servir a los demás y hacer el bien en el mundo. Como dijo Carlo Acutis, "Somos más privilegiados que muchos que quieren".
DETRAS DEL BEATO
CARLO ACUTIS Y LOS EFECTOS DE LA EUCARISTÍA
LA EUCARISTÍA: FUENTE DE AMOR Y FORTALEZA
Carlo Acutis creía que la Eucaristía era la fuente de amor y fortaleza para vivir una vida cristiana auténtica. En sus palabras, "La Eucaristía es el amor de Dios hecho realidad en nuestra vida". Él veía la Eucaristía como un encuentro personal con Jesús, en el que se recibía la gracia y la fortaleza para seguir sus enseñanzas.
LOS EFECTOS DE LA EUCARISTÍA
Según Carlo Acutis, la Eucaristía tiene varios efectos en la vida de los creyentes:
1 - UNIÓN CON DIOS: La Eucaristía nos une con Dios y nos hace partícipes de su vida divina.
2- FORTALEZA PARA VIVIR LA FE:
La Eucaristía nos da la fortaleza para vivir la fe de manera auténtica y para superar los desafíos de la vida.
3- AMOR Y COMPASIÓN:
La Eucaristía nos enseña a amar y a compadecernos de los demás, y a vivir la caridad en nuestra vida diaria.
4- TRANSFORMACIÓN PERSONAL:
La Eucaristía nos transforma en personas nuevas, capaces de vivir según la voluntad de Dios.
TESTIMONIO DE VIDA :
El testimonio de vida de Carlo Acutis es un ejemplo de cómo la Eucaristía puede transformar la vida de una persona. A pesar de su corta edad, Carlo Acutis vivió una vida de profunda fe y devoción a la Eucaristía. Su amor por la Eucaristía lo llevó a pasar horas en adoración ante el Santísimo Sacramento, y a recibir la comunión con frecuencia.
EN CONCLUSIÓN
El Beato Carlo Acutis es un ejemplo inspirador de cómo la Eucaristía puede transformar la vida de una persona. Su devoción a la Eucaristía y su testimonio de vida son un recordatorio de la importancia de esta sacramento en la vida cristiana. Como dijo Carlo Acutis, "La Eucaristía es el amor de Dios hecho realidad en nuestra vida".
CONOCIENDO AL SANTO MILLENNIAL
CARLO ACUTIS
fue un joven católico italiano conocido por su profunda devoción a la Eucaristía y su uso de la tecnología para difundir el mensaje de Dios. Su frase *"La Eucaristía como encuentro personal con Jesús"* resume su creencia en la importancia de la comunión como un momento íntimo y personal con Cristo.
LA EUCARISTÍA: COMO UN ENCUENTRO PERSONAL CON JESÚS
La Eucaristía, también conocida como la Comunión, es un sacramento fundamental en la fe católica. Según la enseñanza católica, durante la Misa, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo a través de la transubstanciación. Al recibir la Comunión, nosotros los creyentes por nuestra fe nos sentimos seguros y convencidos que estamos recibiendo a Jesús en nuestro corazón.
Sobre el encuentro Personal con Jesús
Para Carlo Acutis, la Eucaristía no era solo es un ritual o una tradición, sino un encuentro personal y profundo con Jesús. Creía que en cada Comunión, se establece una conexión íntima con Cristo, permitiendo a los creyentes experimentar su amor y misericordia de manera personal.
LAS IMPLICACIONES ESPIRITUALES
Esta perspectiva sobre la Eucaristía tiene varias implicaciones espirituales:
1.- INTIMIDAD CON DIOS:
La Eucaristía se convierte en un momento de encuentro íntimo con Dios, donde los creyentes pueden experimentar su amor y presencia de manera personal.
2- LA FUENTE DE FORTALEZA: La Comunión puede ser una fuente de fortaleza espiritual, permitiendo a los creyentes enfrentar los desafíos de la vida con fe y confianza.
3 CRECIMIENTO ESPIRITUAL: El encuentro personal con Jesús en la Eucaristía puede llevar a un crecimiento espiritual más profundo, ayudando a los creyentes a vivir de acuerdo con los principios de su fe.
EN CONCLUSIÓN LES PUEDO INDICAR
La frase del Beato Carlo Acutis "La Eucaristía como encuentro personal con Jesús" destaca la importancia de la Comunión en la vida espiritual de los creyentes. Al ver la Eucaristía como un encuentro personal con Cristo, los católicos pueden profundizar su fe y experimentar la presencia de Dios de manera más íntima y significativa.
UN CAMINO DE FE Y TESTIMONIO
MISIONEROS DESDE LA ENFERMEDAD: UNA PERSPECTIVA INSPIRADORA SEGÚN MARGARITA GODET
La vida de los misioneros está marcada por la entrega y el sacrificio en pro de la misión evangelizadora de la Iglesia. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la enfermedad irrumpe en la vida de estos servidores de Dios? Margarita Godet, en su reflexión sobre los misioneros desde la enfermedad, nos invita a considerar la forma en que la adversidad puede convertirse en una oportunidad para crecer en la fe y en la misión.
LA ENFERMEDAD COMO OPORTUNIDAD PARA LA REFLEXIÓN Y EL CRECIMIENTO
La enfermedad puede ser un momento de gran desafío para las personas con el deseo de ser misioneros, quienes están acostumbrados a servir y ayudar a otros. Sin embargo, en medio de la adversidad, pueden encontrar una oportunidad para reflexionar sobre su propia fe y su relación con Dios. La enfermedad puede ser un llamado a la introspección y a la búsqueda de una conexión más profunda con el Señor.
LA MISIÓN DESDE LA DEBILIDAD
La enfermedad puede hacer que una persona que desea ser misioner@ se sientan débiles y limitados en su capacidad para servir. Sin embargo, es precisamente en la debilidad donde pueden encontrar una nueva forma de misión. La debilidad puede ser una oportunidad para que otros se involucren en la misión y para que los misioneros aprendan a depender de Dios y de la comunidad.
LA IMPORTANCIA DE LA COMUNIDAD Y EL APOYO
La enfermedad puede ser un momento de gran soledad y aislamiento para los misioneros. Sin embargo, es importante que sepan que no están solos. La comunidad y el apoyo de otros pueden ser fundamentales en este momento. Los misioneros pueden encontrar consuelo y fortaleza en la oración y en la compañía de otros que están pasando por experiencias similares.
LA MISIÓN COMO UN PROCESO DE TRANSFORMACIÓN
La enfermedad puede ser un proceso de transformación para los misioneros. Puede ser un momento en que se sientan llamados a reevaluar su misión y su relación con Dios. La enfermedad puede ser una oportunidad para crecer en la fe y en la misión, y para encontrar nuevas formas de servir y ayudar a otros.
En conclusión les puedo decir que la reflexión de Margarita Godet sobre los misioneros desde la enfermedad nos invita a considerar la forma en que la adversidad puede convertirse en una oportunidad para crecer en la fe y en la misión. La enfermedad puede ser un momento de reflexión, crecimiento y transformación para los misioneros, y puede ser una oportunidad para que otros se involucren en la misión y para que los misioneros aprendan a depender de Dios y de la comunidad . Por eso debemos vivir con los tres momentos espirituales de Amar-Sufrir-Sonreir, por que es posible la santidad a partir del sufrimiento, el dolor y la enfermedad.
LES PRESENTO NUESTROS TRES MOMENTOS ESPIRITUALES DE AMAR-SUFRIR-SONREIR: UN CAMINO DE FE Y TESTIMONIO
La Comunidad de Enfermos en Vida Misionera se inspiran en la espiritualidad y el ejemplo de vida de la misionera francesa Margarita Godet, fundadora de la Unión de Enfermos Misioneros una de las tres Obras Misionales Pontificias. A continuación, exploraremos los tres momentos espirituales de Amar-Sufrir-Sonreír que caracterizan la espiritualidad de nuestra comunidad, tomando como ejemplo la vida y el testimonio de la Beata Chiara Luce Badano y el Beato Carlo Acutis.
1. AMAR : EL AMOR COMO FUNDAMENTO
• La misionera francesa Margarita Godet fundó la Unión de Enfermos Misioneros con el objetivo de unir a los enfermos y los misioneros en una misma misión de amor y servicio. Su ejemplo enseña que el amor es el fundamento de la vida cristiana.
• La Beata Chiara Luce Badano y el Beato Carlo Acutis vivieron su fe de manera intensa y auténtica, centrada en el amor por Dios y por los demás. Chiara Luce, a pesar de su enfermedad, irradiaba alegría y amor, mientras que Carlo Acutis se dedicaba a la Eucaristía y a la Virgen María con pasión y devoción aún más adelante se presentó una enfermedad fulminante que le quitó la vida.
- Los Enfermos en vida Misionera se inspiran en este ejemplo de amor y buscan vivir su fe de manera similar. Amar a Dios y amar a los demás es esencial para vivir una vida plena y significativa.
2. SUFRÍR : LA CRUZ COMO CAMINO
• La misionera francesa Margarita Godet entendió que el sufrimiento podía ser un camino de crecimiento espiritual y de unión con Cristo. Su ejemplo enseña que la cruz es una parte integral de la vida cristiana.
• La Beata Chiara Luce Badano sufrió una enfermedad terminal que la llevó a la muerte a los 18 años. Sin embargo, su sufrimiento se convirtió en un camino de Amar-Sufrir-Sonreir con crecimiento espiritual y de unión con Cristo.
• El Beato Carlo Acutis también experimentó sufrimientos y dolores en su vida por la enfermedad fulminante, pero los ofreció a Dios y los unió a la pasión de Cristo. Su ejemplo enseña que el sufrimiento puede ser un camino de crecimiento y de santificación
• Los Enfermos en Vida Misionera reconocen que la vida está llena de desafíos y sufrimientos, pero buscan encontrar sentido y propósito en estos momentos difíciles. La cruz se convierte en un camino de crecimiento espiritual y de unión con Cristo.
3. SONREIR: LA ALEGRÍA EN LA ADVERSIDAD
• A pesar de su enfermedad y sufrimiento,
LA BEATA CHIARA "LUCE" BADANO
irradiaba alegría y paz. Su sonrisa y su actitud positiva inspiraban a aquellos que la rodeaban.
• EL BEATO CARLO ACUTIS
también irradiaba alegría y paz en su vida diaria. Su amor por la Eucaristía y la Virgen María le daba fuerza y esperanza en medio de las dificultades.
• LOS ENFERMOS EN VIDA MISIONERA BUSCAN encontrar la alegría en la presencia de Dios en sus vidas y en la compañía de los demás. Sonreír en la adversidad no significa ignorar o minimizar los desafíos, sino encontrar la fuerza y la esperanza en la fe y en la comunidad.
LOS TRES MOMENTOS espirituales de Amar-Sufrir-Sonreír de los Enfermos en Vida Misionera ofrecen una visión integral de la vida cristiana. Al centrarse en el amor, la cruz y la alegría, los miembros de esta comunidad buscan vivir una fe auténtica y profunda. La misionera francesa Margarita Godet, la Beata Chiara Luce Badano y el Beato Carlo Acutis son ejemplos inspiradores de cómo vivir estos tres momentos espirituales de manera auténtica y profunda. Su testimonio nos recuerda que la fe puede ser vivida de manera intensa y auténtica en cualquier circunstancia de la vida.
"Paz con Bien y Salud"
h. Edwin Hipkam
Administrador Genera
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Enfermos † Misioneros
" Beato Carlo Acutis "
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DEFENSOR DE LA EUCARISTÍA
MARTIRIO POR LA EUCARISTÍA
Quemado Vivo por una Hostia
Un joven sacerdote abrazó el copón con las hostias consagradas cuando una turba lo atacó. Prefirió morir envuelto en llamas antes que permitir una profanación. Su historia es una de las más desgarradoras de la Iglesia moderna.
La escena parece sacada de una película de terror medieval. Pero fue real. Sangre, fuego y fe en el corazón de la China anticristiana del de fines del siglo XIX y principios del XX. El protagonista: un joven fraile italiano que entregó su cuerpo a las llamas para defender una pequeña hostia. Dicen que gritó “¡Viva Cristo Rey!” antes de que el fuego lo consumiera. Su nombre: san Cesidio Giacomantonio.
EL NIÑO QUE HABLABA CON DIOS
Angelo Giacomantonio nació el 30 de agosto de 1873 en Fossa, un humilde pueblo de montaña en Italia. Desde pequeño, algo en él desconcertaba a los demás: hablaba con una naturalidad inquietante sobre Dios, sobre el cielo y el sacrificio.
A los 15 años, ingresó al convento de San Angelo en Ocre y tomó el nombre de Cesidio, en honor a un santo local. Era un joven piadoso, inteligente, con una mirada grave y una devoción inquebrantable.
Mientras otros muchachos soñaban con aventuras, él soñaba con dar su vida. No por gloria. No por fama. Por amor a Cristo.
RUMBO AL MARTIRIO
Tras su ordenación como sacerdote franciscano en 1897, Cesidio fue enviado a China. No a una ciudad segura ni a una misión establecida. Fue destinado a Hengzhou, en Hunan, una región donde el cristianismo era odiado, donde los conversos eran golpeados y los misioneros, vigilados.
Pero Cesidio no dudó. Llegó en 1899 y comenzó su labor: enseñaba a los niños el catecismo, bautizaba a escondidas, consolaba a los enfermos. Siempre con una hostia consagrada en su pecho, “para tener a Jesús cerca si venía el martirio”. No tardó en llegar.
EL ESTALLIDO DE LA FURIA
En el año 1900, estalló la Rebelión de los Bóxer, una ola de odio anticristiano que arrasó templos, mató misioneros y masacró comunidades enteras. Los cristianos eran considerados traidores a la patria y servidores del demonio occidental. El fanatismo era total.
El 4 de julio de ese año, la furia cayó sobre la misión de Cesidio. Una turba enfurecida de cientos de hombres irrumpió en la capilla donde él celebraba misa. Gritaban como bestias. Rompían todo. Buscaban sangre. Pero Cesidio no huyó.
“¡NO TOQUEN A JESÚS!”
Mientras los fieles corrían, el joven sacerdote corrió al sagrario. Lo abrió. Tomó el copón con las hostias consagradas y lo abrazó con fuerza. “¡No toquen a Jesús!”, gritó mientras se colocaba entre el altar y los atacantes.
Un golpe lo tiró al suelo. Lo apedrearon. Le rompieron el cráneo. Pero aún respiraba. No soltaba el copón. Como una madre protegiendo a su hijo en medio de un incendio.
Entonces, el horror.
EL MARTIRIO MÁS BRUTAL DEL SIGLO
Los bóxers tomaron una sábana, la empaparon en petróleo, envolvieron a Cesidio aún vivo y le prendieron fuego. Algunos testigos dicen que se escuchó un canto antes de que el cuerpo comenzara a crujir: “Tantum ergo sacramentum…”. Otros aseguran que gritó: “¡Perdónalos, Señor!”.
No hay imágenes. Solo relatos que sobreviven entre lágrimas. Un cuerpo envuelto en llamas. Un copón hecho cenizas. Un joven sacerdote convertido en holocausto vivo por amor a la Eucaristía.
¿POR QUÉ NO HUYO?
El mismo Cesidio lo había dicho en una carta semanas antes:
“Si el fuego me toca, que toque solo mi carne. El Cuerpo de Cristo no debe ser profanado. No fui enviado a salvar mi vida, sino a darla.”
En una época donde muchos callan su fe para evitar polémicas, Cesidio eligió morir abrasado por no dejar que tocaran una hostia. ¿Locura? ¿Fanatismo? ¿O amor puro, hasta el extremo?
SU CUERPO, SUS HUESOS, SU HISTORIA
Cuando las autoridades locales finalmente ingresaron a la capilla devastada, encontraron el cadáver calcinado, aún encorvado en posición fetal, como abrazando algo. No había copón. No quedaban hostias. Pero su rostro había quedado intacto, según relataron.
Los cristianos de la zona recogieron sus huesos como reliquias. Hoy descansan en una pequeña urna en Italia, y se dice que varias personas fueron sanadas al orar ante ellos.
CANONIZADO CON 119 MÁRTIRES
El 1 de octubre del 2000, san Juan Pablo II canonizó a Cesidio junto a otros 119 mártires de China. Pero entre todos, su historia es la más brutal, la más desgarradora, la más eucarística.
No murió por una idea. No murió por un país. Murió por una hostia.
Su historia nos enfrenta con una pregunta incómoda: ¿cuánto vale para nosotros el Cuerpo de Cristo? ¿Lucharíamos por él? ¿Nos esconderíamos? ¿Lo negaríamos? El mártir de fuego no dejó dudas. Se quedó. Protegió. Cantó. Murió.
UNA HISTORIA PARA NO OLVIDAR
En un mundo que celebra lo superficial, que desecha lo sagrado, que se burla de lo eterno, la figura de Cesidio emerge como una llama viva que denuncia nuestra tibieza y nos invita a despertar.
Tal vez nunca seamos llamados a morir así. Pero sí a vivir así: como si Jesús en la Eucaristía valiera más que la propia vida.
La Santa Faz Sangrante de Jesús
de Cotonou en el Estado de Benin en África Occidental
¡Mira MI rostro sangrante!
¿Qué tengo que decirte?
¿Tengo ya algo que deciros?
¿Me escuchas de verdad?
¿Me compadeces cuando me ves sangrar así? Lo hago por ti.
Dos veces sangró una imagen de la Santa Faz en Cotonou, Benin, el 17 de febrero y el 15 de marzo de 1995. En febrero de 1995, una imagen del Santo Rostro enmarcada de 18 x 24 cm empezó a sangrar en Cotonú, África Occidental. El médico, llamado a toda prisa, no pudo tomar una muestra cuando llegó porque la sangre ya se había coagulado. 13 testigos asistieron al suceso, durante el cual habló una voz:
"Vendré de nuevo y el médico podrá completar su examen".
Se colocaron tubos de vidrio preparados para recoger sangre en caso de que se repitiera el flujo sanguíneo en la imagen. El 15 de marzo de 1995, hacia las 5 de la tarde, la Santa Faz volvió a sangrar profusamente. Se pudo recoger sangre. De hecho, manaba tanta sangre de la imagen que los rasgos de la Santa Faz apenas eran visibles. Cuando un tubo de vidrio estaba lleno hasta la cuarta parte, una voz dijo:
"Es suficiente. Lo llenaré yo mismo".
El médico que había visto el tubo un cuarto lleno observó unos 45 min después un tubo completamente lleno sin intervención humana. El médico, que no tenía explicación para estos sucesos, estaba asombrado. 12 testigos presenciaron los hechos. La sangre fue analizada y el resultado: era sangre humana del grupo sanguíneo AB, Rh. positivo.
El Padre Eterno habla:
¡Hijos míos! En los terribles días que vendrán sobre la humanidad, el Santo Rostro de Mi Divino Hijo será verdaderamente útil ("un verdadero paño de lágrimas para secar"), pues Mis verdaderos hijos estarán ocultos tras él. El Santo Rostro será una verdadera ofrenda para que los castigos que traeré sobre la humanidad sean atenuados. En los hogares donde se encuentre, habrá luz para liberarse del poder de las tinieblas.
En los hogares donde esté la Santa Faz de mi Hijo, ordenaré a mis ángeles que los marquen. - Y mis hijos se salvarán de los males que sobrevendrán a esta humanidad ingrata. Hijos míos, convertíos todos en verdaderos apóstoles de la Santa Faz y difundidla por todas partes. Cuanto más se difunda, menor será la catástrofe.
El Sagrado Corazón de Jesús habla:
Ofreced siempre mi Santísima Faz al Padre Celestial, y Él tendrá misericordia de vosotros. Os pido a todos que honréis mi Divino Rostro y le deis un lugar de honor en vuestros hogares, para que el Padre Celestial os colme de gracias y perdone vuestros pecados. Hijitos, aseguraos de rezar al menos una breve oración a la Santa Faz de Jesús todos los días en vuestros hogares. No olvidéis nunca saludarla cuando os levantéis, y pedirle su bendición cuando os vayáis a descansar. De este modo llegaréis felizmente a la patria celestial.
Os aseguro que todos los que sienten un amor especial por la Santa Faz estarán siempre advertidos de los peligros y las catástrofes. Prometo solemnemente que todos los que difundan la devoción a mi Santísima Faz se salvarán de los castigos que caen sobre la humanidad. Además, recibirán luz para los días de terrible confusión que se aproximan a la Santa Iglesia. Si sufren la muerte en el juicio, morirán como mártires y alcanzarán la santidad. En verdad, en verdad, os aseguro que los que difundan la devoción a Mi Rostro alcanzarán la gracia, que ningún miembro de la familia será condenado y que los que están en el purgatorio pronto serán liberados de él.
Pero todos deben venir a Mí a través de la mediación de Mi Santísima Madre.
Todos los devotos de la Faz Divina recibirán una gran luz para comprender los misterios de los últimos tiempos. En la patria celestial estarán muy cerca del Salvador. Todas estas gracias las reciben como devotos de la Santa Faz. No perdáis estas gracias, porque es muy fácil perderlas.
Rosario a la Santísima Faz
Debe rezarse como el rosario ordinario (alemán), pero con las siguientes inserciones:
(1) Jesús, Cuyo santísimo rostro está coronado por el sudor sangriento del miedo.
(2) Jesús, Cuyo rostro santísimo fue cruelmente golpeado.
(3) Jesús, Cuyo santísimo rostro fue profundamente herido por las espinas.
(4) Jesús, Cuyo rostro santísimo fue inclinado muriendo en la cruz.
(5) Jesús, Cuyo santísimo rostro fue glorificado por la resurrección.
Breve Rosario al Santísimo Rostro
(en lugar del Credo de los Apóstoles)
Santo DIOS, santo DIOS fuerte, santo DIOS inmortal, ¡ten piedad de nosotros y del mundo entero! ¡Señor, muéstranos Tu santa faz y nos salvaremos!
(en las grandes cuentas - en lugar de Padre Nuestro)
Padre Celestial, te ofrecemos los méritos y dolores infinitos del Santísimo Rostro de Jesús, Su preciosa Sangre, Sus heridas y lágrimas para Tu mayor gloria y para la salvación de nuestras almas.
(en las cuentas pequeñas - en lugar del Ave María, 10 veces cada una)
(1) ¡Santísimo Rostro, cubierto de heridas ten piedad de nosotros, clamamos a Ti!
(2) ¡Santísimo Rostro, cubierto de sangre, ten piedad de nosotros, clamamos a Ti!
(3) ¡Santísimo Rostro, derramando amargas lágrimas en infinito amor, ten piedad de nosotros, clamamos a Ti!
(4) ¡Santísimo Rostro, cubierto de desprecio y vergüenza, ten piedad de nosotros, clamamos a Ti!
(5) Rostro santísimo, soportando en silencio el dolor más terrible, ¡ten piedad de nosotros, clamamos a Ti!
Oración final
¡Oh rostro santísimo de Jesús, desfigurado por las heridas y la sangre, revelación del amor y la misericordia divinos! Te adoramos por el doloroso Corazón Inmaculado de María y deseamos reparar ante Ti, en nombre de todas las almas y por todas ellas, todas las injurias que Te hemos infligido. Concédenos asumir con amor paciente las pruebas y sufrimientos de nuestra vida, para ofrecerlos unidos a Tu sacrificio infinito al Padre Celestial en satisfacción por la salvación de las almas.
Haz, Señor, que quienes hoy veneramos Tu rostro doloroso, un día contemplemos Tu rostro transfigurado en el cielo y Te alabemos eternamente con María, Tu Madre, todos los ángeles y los santos. Amén.
Reza estos rosarios con total devoción y si brotan lágrimas de compasión de tus ojos al contemplar estas imágenes, ofréceselas a ÉL. Él las transformará en diamantes preciosos.
Nuestra Señora pide ayuda para que esta Santísima Faz sea venerada en todos los hogares mediante la contemplación y la oración. De este modo, aún podrá evitar gran parte del severo juicio.
MOMENTO DEL SABER CATÓLICO
"LA DOXOLOGÍA DE LA MISA CATÓLICA"
Es muy común escuchar a la asamblea repetir la DOXOLOGÍA que dice el sacerdote en la Misa, pero es necesario que conozcamos cuando nos toca participar
Es muy común escuchar durante la Misa, que la asamblea repite las oraciones que hace el sacerdote. Tal es el caso de LA DOXOLOGÍA, un neologismo que viene del griego: Doxa (gloria, alabanza) y logos (palabra); por tanto la palabra doxología significa : "palabra de alabanza".
"POR CRISTO CON ÉL Y EN ÉL..."
Las palabras: “Por Cristo con él y en él a ti Dios Padre Omnipotente en la unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”, forman parte de la doxología final, que a su vez es la última parte de la plegaria eucarística.
Esta doxología final de la Misa en la forma en que la conocemos se ha utilizado desde aproximadamente el siglo VII en toda la cristiandad de occidente.
"Estas palabras son propias, única y exclusivamente, del obispo o sacerdote celebrante y de los sacerdotes concelebrantes. Y 'la doxología final : por la cual se expresa la glorificación de Dios,… es afirmada y concluida con la aclamación Amén del pueblo'”.
Solamente el sacerdote dice la doxología
Por tanto durante la doxología los fieles guardan silencio y solo intervienen para unirse a dicha *doxología* con un fuerte y contundente: “AMÉN”.
Ésta es una de las doxologías que se usan para dar alabanza a Dios, distinguiéndola de la doxología mayor (Gloria a Dios en el cielo…) y la doxología menor (Gloria al Padre y al hijo….).
Finalmente, una de estas doxologías es la que se pronuncia antes del rito de la paz: "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre Señor".
Es importante como Católicos cuál es nuestra participación como fieles dentro de la celebración de la Eucaristía ( misa ).
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LA MIMESIS Y LA ANAMNESIS.
¿ QUÉ ES LA MIMESIS ?
LA MIMESIS : se refiere a la representación o imitación de la Última Cena y la Pasión de Cristo que se realiza a través de los ritos y acciones litúrgicas. Específicamente, la acción del sacerdote al partir el pan, bendecirlo y compartirlo, es una imitación de lo que Jesús hizo en la Última Cena, y esta acción se repite en cada celebración eucarística.
La mimesis en la misa se entiende como:
Imitación de acciones:
El sacerdote, en nombre de Cristo, realiza acciones similares a las que Jesús hizo en la Última Cena, siguiendo el mandato de "haced esto en memoria mía".
REPRESENTACIÓN DE LA PASIÓN:
La misa también representa la Pasión de Cristo, la entrega de su vida, a través de los diversos momentos litúrgicos, como la procesión de entrada, la lectura de la Pasión, la oración de los fieles, y la comunión.
PARTICIPACIÓN ACTIVA DE LOS FIELES:
Los fieles no solo observan, sino que participan activamente en esta representación, recordando y haciendo presente la muerte y resurrección de Cristo.
Actualización de la memoria:
La mimesis no es una simple copia, sino una actualización de la memoria del sacrificio de Cristo, haciéndolo presente en cada celebración.
En contraste, la anamnesis en la misa se refiere a:
EL RECUERDO DE LOS HECHOS PASADOS:
La anamnesis es el acto de recordar y conmemorar la muerte y resurrección de Cristo, trayendo a la memoria su sacrificio.
LA ACCIÓN DE RECORDAR:
La anamnesis eucarística es la parte del canon de la misa donde se recuerda la institución de la Eucaristía por parte de Jesús.
En resumen, la mimesis en la misa es la imitación de las acciones de Cristo en la Última Cena y la representación de su Pasión, mientras que la anamnesis es el recuerdo y conmemoración de esos mismos hechos.
¿ QUÉ ES LA ANAMNESIS ?
LA ANAMNESIS :
En sentido estricto, se llama anamnesis a la parte de la plegaria eucarística que sigue inmediatamente a la consagración.
INTRODUCCION :
El término 'anamnesis’ proviene del griego y significa 'recuerdo', 'reminiscencia' y 'rememoración’. En general 'anamnesis’ quiere decir 'traer al presente los recuerdos del pasado’.
En teología la palabra 'anamnesis’ significa la acción memorial o de recordación que tiene lugar en la Eucaristía durante la Santa Misa en recuerdo de las palabras de Jesús en la Ultima Cena: 'Haced esto en memoria mía’ (Lucas 22,19).
LA ANAMNESIS Y LA SANTA MISA
En sentido estricto, se llama anamnesis a la parte de la plegaria eucarística que sigue inmediatamente a la consagración. La Iglesia cumple fielmente el mandato del Señor al repetir las palabras y los gestos de la institución y, además, la anamnesis expresa el sentido profundo y la actitud espiritual: 'Por eso, Señor, nosotros tus siervos y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la pasión gloriosa de Jesucristo…’ (Canon Romano).
En la parte de la Misa en que se hace anamnesis la Iglesia proclama su recuerdo en la fe, del misterio salvador de Cristo. Ya en la plegaria eucarística de la Tradición Apostólica, la anáfora, se le une la mención de la Resurrección como expresión de la fe de la Iglesia en el misterio que se celebra: la repetición de la Santa Cena y el memorial del misterio salvador de la Cruz, de lo cual brota la anamnesis envuelta en la acción de gracias.
ANAMNESIS Y MEMORIAL
Es necesario tener en cuenta que el término 'recordar’ no debe entenderse como un proceso por el cual evocamos un acontecimiento o una persona del pasado. La anamnesis hace que el pasado sea traído hasta el presente. No se trata de trasladarnos al pasado, sino trasladar el pasado al presente.
De hecho, cuando Cristo celebró la Santa Cena con sus discípulos estaba realizando un memorial, y quiso que ellos repitieran aquello como memorial suyo. De ahí que la palabra 'anamnesis’ se traduzca más correctamente por 'memorial’ que por 'recuerdo’, ya que así se evocan más correctamente las particularidades del término, tanto en el sentido bíblico como en el litúrgico.
ANAMNESIS Y OFRENDA
La anamnesis contiene, junto con la proclamación del memorial, la actualización de la ofrenda, ya que así la Iglesia expresa con ello el sentido sacrificial más propio de la Cena del Señor,
Cristo, en efecto, ha dejado a la Iglesia un sacrificio visible, tal como lo requiere la naturaleza humana. Pero este sacrificio es el memorial del sacrificio definitivo al Padre en la Cruz, que se hace presente aquí y ahora de forma incruenta, aplicándose sus frutos. El propio Señor realizó por vez primera este memorial en la Santa Cena, anticipando de esta forma el sacrificio incruento en la Cruz.
El Canon Romano es uno de los que mejor expresan el carácter sacrificial de la celebración eucarística, subrayando la relación con la anamnesis: '… te ofrecemos, de los mismos bienes que nos has concedido, el sacrificio puro, inmaculado y santo, pan de vida eterna y cáliz de salvación’.
ANAMNESIS EN SENTIDO ESCATOLOGICO
Puesto que se recuerda el misterio de la salvación 'hasta que el Señor vuelva’, la anamnesis encierra una referencia al retorno del Señor en la gloria. De hacho, el memorial litúrgico es, de por sí, un alimento para la esperanza del pueblo; el recuerdo de las maravillas de Dios actualizadas en el hoy por la celebración de la Santa Misa, lo cual asegura la total fidelidad de Dios a su promesa.
Recordarle algo a Dios es tanto como asegurar su intervención. De ahí que el sentido original de 1ª. Corintios 11:26, donde dice: 'Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga’, incluye un elemento de finalidad. La traducción más exacta sería: 'hasta que se realice su venida’, lo cual tendría un sentido más profético.
Al celebrar la Santa Cena en la Misa, anunciamos la muerte del Señor. Esta proclamación se realiza por el mismo hecho de celebrar la Eucaristía, pues cuando la comunidad se reúne en asamblea para celebrar el memorial, constituye un signo o señal para toda la humanidad. En la anamnesis se expresa la conciencia que tiene la Iglesia de constituir el signo del misterio pascual de una manera que compromete a toda la humanidad, pues toda ella está abocada, como destino final, a encontrarse con Cristo en su retorno.
LA ANAMNESIS EN LAS PLEGARIAS EUCARISTICAS
Las tres Plegarias Eucarísticas aprobadas por la Sagrada Congregación de Ritos, en el decreto de 23 de mayo de 1968, presentan muestras variadas de anamnesis.
En la Plegaria Eucarística II se conservan prácticamente los textos de la anáfora de la Tradición Apostólica con ligeras adaptaciones, aunque la fórmula anamnética es la misma. Únicamente se la ha añadido en la palabra 'pan’ la determinación 'de vida’, y la palabra 'cáliz’ se ha precisado con los términos 'de salvación’.
En la anamnesis de las plegarias eucarísticas III y IV encontramos estas características”
a.- Se ha expresado de modo explícito la espera en la última venida del Señor.
b.- Se ha hecho explícito el carácter sacrificial de la Eucaristía, indicando que Cristo es el objetivo directo y primordial de la ofrenda.
c.- Se ha añadido el elemento de acción de gracias para completar el de memoria.
Como característica común de esas Plegarias Eucarísticas tenemos la intervención del pueblo, en forma de aclamación, después de la narración: 'Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!’. Esta aclamación es propiamente una anamnesis con la cual el pueblo hace, como lo hará después el celebrante, su memoria y acto de fe en el ministerio que celebra.
La Plegaria Eucarística I es del rico y tradicional Canon Romano, la cual es la que debería usarse regularmente, y que es superior a las otras.
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de
Oración y Apóstolado
Enfermos † Misioneros
" Beato Carlo Acutis "
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MOMENTO DEL SABER CATÓLICO
¿SABES QUE ES LA EPÍCLESIS?
La Epíclesis es la invocación al Espíritu Santo en la Misa, cuando el sacerdote hace esta oración al momento de la consagración de la hostia y del vino, mientras nosotros nos arrodillamos.
¿SABES QUE ES LO QUE PASA?
Sucede que el espíritu de Cristo vivo toma el lugar de la hostia y del vino y se hace Presente Realmente como materia.
NO es un símbolo ni tampoco una representación.
Es el momento más sagrado en que Jesús cumple su palabra de darnos ese alimento que nutre nuestro espíritu.
Es un gran milagro que el Señor concede a sus hijos y que debemos valorar con mayor fe en la medida que tomemos conciencia de la realidad de su Presencia Real en la Eucaristía.
Cuando el sacerdote levanta la hostia y el vino y nos presenta el Cuerpo y la Sangre de Cristo no agaches la cabeza. Levántala y mira al Señor que está frente a todos, adóralo porque lo tienes ahí enfrente, ruégale porque está verdaderamente presente.
Contémplalo porque él vino a verte y toca tu puerta, ábrele y déjalo entrar en comunión contigo.
Ahí es donde verdaderamente entra en tu corazón, Jesús Eucaristía.
En casi todos los Sacramentos, en un momento u otro de la celebración, y en muchos casos (en Oriente) en la misma «forma» del sacramento, interviene una fórmula epiclética, casi siempre referida al Espíritu Santo, pidiendo el fruto de la acción sacramental. Con estas fórmulas se explicita un aspecto básico de la acción litúrgica: lo que se espera del sacramento es mucho más de lo que una acción humana, aun espiritual, puede aportar. Un sacramento es una acción de Cristo, en la fe de la Iglesia, en la que el hombre entra en comunión salvadora con Dios, y por la que recibe la gracia sobrenatural. Para expresar esta trascendencia de la celebración, y para afirmar que el fruto del sacramento es obra de Dios, la Iglesia usa, con ella da testimonio de fe en su propia consistencia como comunidad animada por el Espíritu Santo (v.).
